23 dic. 2011

Reseña: Zara y el Librero de Bagdad, de Fernando Marías Amondo


Autor: Fernando Marías Amondo
Título: Zara y el Librero de Bagdad
Editorial: Ediciones SM
Género: Literatura Juvenil
Páginas: 256
Sinopsis: Una bomba estalla en la Barcelona de 1938.
Un misil destroza un dormitorio en Bagdad.
60 años de diferencia.
Distintas guerras. Las mismas víctimas. El mismo exilio.
¿Estamos condenados a repetir la Historia?

Un escritor frustrado recibe un e-mail con una invitación: alguien le espera en el cementerio de la Florida para ofrecerle un manuscrito que puede interesarle. En él se relata una historia que culmina con las últimas y desconocidas palabras del poeta Antonio Machado. Puede que hayan pasado años de este triste acontecimiento, pero su mensaje sigue teniendo una vigencia plena, incluso para una adolescente en Bagdad.

Desde que leí la novela "El Niño de los Coroneles" que fue Premio Nadal, he seguido la obra de Fernando, es un autor con una narrativa apasionante y que en cada obra nos propone temas nuevos, fruto de su imaginación y siempre temas comprometidos con la sociedad que nos rodea.
Hoy os mostramos una novela dentro de la literatura juvenil, una novela que es un alegato contra los conflictos armados que el género humano sufre y padece, esta obra demuestra que es de calidad cuando es motivo de estudio para los estudiantes de la ESO..

El argumento de la obra trata de dos historias ocurridas con 60 años de diferencia pero unidas por un nexo común, una historia de nuestra guerra civil y la otra en el conflicto de Irak, se unen en ellas dos personajes que sufren parecidas circunstancias en ambas historias, Max y Zara, aparte también aparece en la trama uno de los mejores poetas españoles del siglo pasado, Antonio Machado.
La novela es un canto a la solidaridad, a la amistad, que consigue que seamos cómplices de los dos protagonistas. Es una obra para pensar en la crueldad del ser humano que provoca periódicamente una serie de guerras que no son la solución para nadie..

El libro está narrado por un escritor que es el que nos lleva por las dos historias describiendo tanto a personajes, como a situaciones y localizaciones, él es el punto común en el que convergen ambas historias, creo que en ese escritor hay mucho de Fernando.
La lectura es ágil y fluida como debe ser en un libro recomendado para jóvenes, destaco también como el autor maneja ambas historias manteniendo al lector en un clima de interés elevado, es una obra muy recomendable y con un argumento original y de un nivel de compromiso alto..


Fernando Marías Amondo
Lugar de nacimiento: Bilbao
Fecha de nacimiento: 13 de junio de 1958

Datos profesionales
Con diecisiete años se trasladó a Madrid, donde ha trabajado como realizador publicitario y guionista de televisión.
Asimismo colabora con diferentes medios de comunicación de Madrid y Euskadi.
Como guionista de televisión fue el coautor, junto a Juan Bas, de la serie Páginas ocultas de la historia para TVE en 1999 y dirigida por Javier Díez Moro, ganador del premio de la Academia de Televisión al mejor director por dicha serie).

 Como guionista de cine ha participado en El segundo nombre y escribió la adaptación al cine de su novela La luz prodigiosa, dirigida por Miguel Hermoso y ganadora de numerosos premios internacionales, además de nominada a varios Goyas de la Academia, entre ellos el de mejor guión adaptado.

Publicaciones y Premios
Es autor de las novelas La luz prodigiosa (Premio de novela corta Ciudad de Barbastro 1991), Esta noche moriré, El niño de los coroneles (Premio Nadal 2001), La mujer de las alas grises, Invasor (Premio Dulce Chacón 2005) y El mundo se acaba todos los días (Premio Ateneo de Sevilla 2005).
En el ámbito juvenil ha publicado Los fabulosos hombres película, El vengador del Rif y La batalla de Matxitxako. Con Cielo abajo ganó el Premio Anaya de Literatura infantil y Juvenil 2006.
Con Zara y el Librero de Bagdad consiguió el Premio Gran Angular 2008..



Es mentira que los muertos mueran cuando mueren. A veces les alarga la vida el amor.
En tales ocasiones, los muertos, tras morir, perviven en el corazón de quienes los amaron y los recuerdan, que se convierten así en espejo temporal de su  memoria sobre la tierra, en eco emocional de sus espíritus, que rebota frágil y desesperanzado, pero vivo, contra las paredes de piedra del olvido.
Si fuiste amado, los latidos de tu corazón ya intangible se alargarán como sombras de caminante solitario que busca regresar a casa antes de que se cierna la noche.
Si amaste, vivirás. No para siempre, porque el ser humano es incompatible con la magnitud de esa palabra, pero sí más allá de tu propia muerte..

La lluvia arreció cuando detuve la mirada sobre la reproducción en color, creo que con técnica de mosaico, de Los fusilamientos del 3 de mayo instalada a la izquierda del patio. Como todo el mundo, tengo en la retina el cuadro de Goya desde siempre, lo he visto mil veces: en libros colegiales cuando niño, en visitas al Prado o en reproducciones editoriales de todo tipo. Sin embargo, esta vez lo percibí distinto: más intenso y evocador, más inquietante a causa de la cortina de lluvia repentinamente densa que se levantó entre el cuadro y yo. Pensé que los patriotas creados por Goya permanecían a la intemperie, bajo el sol o la lluvia, de día y de noche, siempre desvalidos y siempre expuestos a las inclemencias del clima, infinitamente más desnudos y solos que los muertos reales, que al fin y al cabo descansaban a cubierto desde mucho tiempo atrás.

“Tú y yo somos iguales, Zara –dijo Max-. La historia de tu vida es la historia de mi vida. Cuando era niño también bombardearon mi ciudad. Cuando era niño también las bombas mataron a mi madre. Cuando era niño también mi padre y yo tuvimos que abandonar nuestra casa y huir sin nada a otro país.”


  7/10
                                         

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